Sostenibilidad: de justificar el coste a defender la inversión

ISABEL LÓPEZ TRIANA

7 julio 2026

5 min. lectura

Artículos

Durante años, los equipos de sostenibilidad han tenido que pedir permiso para existir. Cada partida presupuestaria se defendía como un acto de fe, porque era lo correcto, porque mejoraba la reputación, porque la regulación acabaría exigiéndolo. Argumentos legítimos, pero que colocan a la sostenibilidad siempre en el lado del gasto, nunca en el de la inversión.

No es casual. Durante mucho tiempo, la función de sostenibilidad vivió dentro, o cerca, del área de comunicación, y ese origen marcó su lenguaje. Ha sido un desplazamiento progresivo el que la ha llevado a acercarse a finanzas, riesgos y estrategia, y ese cambio de vecindario es, en el fondo, un cambio de exigencia. Hoy, ese lenguaje comunicativo ya no basta. No porque hayan cambiado las motivaciones de fondo, sino porque el interlocutor sí lo ha hecho, y hoy el comité de dirección exige el mismo tipo de argumento que exige a cualquier otra inversión del negocio. Ese argumento se construye con tres materiales: riesgo, coste y valor perdido por no actuar.

A pesar de la polarización política y de una narrativa mediática de retroceso, la inversión sostenible no está desapareciendo, sino atravesando una metamorfosis. Wall Street Horizon1 lo describe como un «rebranding silencioso» del ESG, que abandona la retórica aspiracional para consolidarse como un pilar de gestión de riesgos y cumplimiento fiduciario. El síntoma más visible es lo que ya se conoce como greenhushing. El uso del acrónimo ESG en los informes anuales del S&P 500 cayó del 40% al 25% en un año, según The Conference Board2. Pero el dato que de verdad importa es otro, el 87% de las empresas estadounidenses ha mantenido o aumentado su inversión real en sostenibilidad. Según EcoVadis3, aunque ahora prefieran llamarlo «resiliencia operativa» o «valor a largo plazo» para evitar el ruido político. Se ha cambiado el nombre, no el presupuesto.

El tamaño del mercado corrobora esa lectura. La inversión ESG global alcanzó los 39,08 billones de dólares en 2025 y se proyecta que llegue a 180,78 billones en 2034, un crecimiento anual del 18,8%. Europa concentra el 44% de esa cuota global, con 18 billones de euros en activos bajo gestión y un crecimiento del 53% desde 2021 según PwC4. Y los fondos sostenibles ya representan el 20% del universo total de fondos en el continente, veinte veces más que en Estados Unidos.

El primer error es tratar los riesgos ESG como una categoría aparte, cuando en realidad son riesgos de negocio que el sistema tradicional todavía no sabe leer. Un estudio del Politécnico di Milano5 confirma que el alto desempeño ESG actúa como un seguro reputacional, reduciendo la variabilidad de las ganancias y la volatilidad bursátil en momentos de crisis. MSCI6 demuestra que las empresas que gestionan mejor sus riesgos sociales, fuerza laboral, cadena de suministro, llevan una década superando en bolsa a sus competidores directos. No es casualidad, es que el mercado ha empezado a poner precio a lo que antes consideraba intangible. La pregunta incómoda para cualquier comité de dirección es sencilla: ¿cuánta de esa exposición tiene hoy sin cuantificar en su propio balance?

Junto al riesgo está el ahorro, la consultora McKinsey7 calcula que una gestión eficiente del agua, la energía y los residuos puede mejorar los beneficios operativos hasta en un 60%. En el mismo sentido, un estudio de EcoVadis y Bain8 sobre compras sostenibles señala que las empresas con prácticas éticas y ambientales en su cadena de suministro logran márgenes entre 3 y 4 puntos porcentuales superiores a las que no las tienen, un 30% de ellas, según KPMG9, reporta además una reducción directa de costes. El efecto llega también al coste del capital, y con cifras muy concretas: las compañías con mejores calificaciones de sostenibilidad se financian a un tipo medio del 6,8%, frente al 7,9% de las peor calificadas. Un análisis de NYU y Rockefeller Asset Management10 sobre cientos de estudios de rendimiento financiero llega a una conclusión clara, son muy pocos los que encuentran correlaciones negativas entre desempeño ESG y resultados financieros. El problema, entonces, no es que la sostenibilidad no ahorre dinero, sino que sin un sistema de medición que le atribuya correctamente ese ahorro, se diluye en partidas generales y termina pareciendo solo gasto.

La sostenibilidad también decide quién entra en el mercado y quién se queda fuera. Según EcoVadis y la Stanford Graduate School of Business11, el 69% de las empresas ya integra criterios de sostenibilidad para seleccionar proveedores y renovar contratos, exigiendo datos auditables sobre sus emisiones directas, indirectas y de cadena de valor. En España, la Ley de Contratos del Sector Público obliga a incorporar criterios sociales y ambientales de forma transversal y preceptiva en toda contratación pública, y esa exigencia ya se traduce en una cifra concreta: la contratación pública ecológica creció un 176,8% entre 2018 y 2020.

Y por último está el coste de no hacer nada. No es un coste único, sino una erosión compuesta. Deloitte12 y el Politécnico di Milano coinciden en que la ausencia de una estrategia de sostenibilidad genera un auténtico «descuento de sostenibilidad» en la valoración de la empresa, porque los inversores exigen mayores retornos para compensar un riesgo que perciben mal gestionado. Y cuando la crisis llega, Clarity AI13 ha medido el golpe con precisión: entre el 2% y el 5% de bajo rendimiento bursátil en los seis meses posteriores a un incidente de sostenibilidad. A eso se suma el riesgo regulatorio directo, bajo la normativa de la Directiva de Reporte de Sostenibilidad (CSRD), el incumplimiento en la divulgación de datos puede acarrear multas de hasta el 5% de los ingresos anuales netos. Y el riesgo comercial no es menor con el 73% de los grandes compradores corporativos que ya descartan proveedores exclusivamente por su pobre desempeño ambiental o social, según Sustainable Brands14. La inacción, en definitiva, no es una postura neutral sino una decisión activa con coste acumulativo.

En CANVAS trabajamos este argumento con un método sencillo: partir de la materialidad ya identificada en la organización, seleccionar qué acciones activan palancas de valor realmente cuantificable. Hablamos de crecimiento de ingresos, reducción de costes, menor exposición regulatoria, productividad y optimización de la inversión. Asignarles un indicador con datos reales detrás y traducir el resultado al mismo lenguaje financiero (valor presente neto, retorno de la inversión) que cualquier otra propuesta que llega a un comité de dirección. No es una cuestión de convicción adicional. Es una cuestión de disciplina analítica.

El reto ya no es convencer a nadie de que la sostenibilidad importa. Es traducirla al único idioma que mueve decisiones en cualquier organización: el del valor. El primer paso que cada equipo debería dar es hacerse la pregunta de si su estrategia de sostenibilidad superaría el mismo examen que cualquier otra inversión del negocio.


  1. https://www.wallstreethorizon.com/blog/The-Great-ESG-Rebrand-Why-a-Quieter-Approach-to-Sustainability-Is-Winning ↩︎
  2. https://www.prnewswire.com/news-releases/last-year-just-25-of-big-companies-used-esg-in-their-report-titles-the-slowdown-continues-in-2025-302441386.html ↩︎
  3. https://resources.ecovadis.com/news-press/ecovadis-study-87-of-u-s-companies-quietly-boost-sustainability-spending-despite-regulatory-debate-and-uncertainty ↩︎
  4. https://www.pwc.com/id/en/media-centre/press-release/2022/english/esg-focused-institutional-investment-seen-soaring-84-to-usd-33-9-trillion-in-2026-making-up-21-5-percent-of-assets-under-management-pwc-report.html ↩︎
  5. https://www.politesi.polimi.it/retrieve/a8c281eb-26b7-43c3-814e-16b5505b536f/2021_10_Arrigo.pdf?__cf_chl_f_tk=z.qidTZVJNx4XoOyaCRo3U3ts7WTwAIfFxndW0B.Vhw-1783426549-1.0.1.1-R61YK1QtpGIuwJr8tJgNcWpMmhv2KuF.u12YLlv7QyA ↩︎
  6. https://www.msci.com/documents/1296102/51277550/2025+Sustainability+and+Climate+Trends+Paper.pdf ↩︎
  7. https://www.mckinsey.com/~/media/McKinsey/Business%20Functions/Strategy%20and%20Corporate%20Finance/Our%20Insights/Five%20ways%20that%20ESG%20creates%20value/Five-ways-that-ESG-creates-value.ashx ↩︎
  8. https://resources.ecovadis.com/whitepapers/roi-sustainable-procurement ↩︎
  9. https://kpmg.com/kpmg-us/content/dam/kpmg/pdf/2025/building-the-business-case-for-sustainability-main-report.pdf ↩︎
  10. https://www.stern.nyu.edu/sites/default/files/assets/documents/NYU-RAM_ESG-Paper_2021.pdf ↩︎
  11. https://www.gsb.stanford.edu/sites/default/files/publication/pdfs/vcii-white-paper-sustainable-procurement-barometer-2021-aug.pdf ↩︎
  12. https://www.deloitte.com/be/en/services/consulting-financial/blogs/apr23-the-impact-of-esg-on-valuation.html ↩︎
  13. https://clarity.ai/research-and-insights/esg-risk/measuring-esg-risk-esg-controversies-lead-to-a-2-to-5-stock-underperformance-after-six-months/ ↩︎
  14. https://sbweb.s3.amazonaws.com/events/newmetrics19/SB-ROI-CaseStudy.pdf ↩︎
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ISABEL LÓPEZ TRIANA
Socia Fundadora y Directora General

Co-fundadora de CANVAS, Isabel lidera la visión estratégica y el posicionamiento de la firma en consultoría de sostenibilidad. Cuenta con...

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