Jóvenes, clima y ODS, activadores ante la emergencia climática

CONSTANZA NIETO

27 septiembre 2019

6 min. lectura

Análisis

La Asamblea General de Naciones Unidas y los múltiples encuentros y conferencias celebrados estas semanas, como la Cumbre sobre la Acción Climática, han reunido a los principales líderes políticos, empresariales y de la sociedad civil con un objetivo: poner freno a la emergencia climática.


La Asamblea General de la ONU, el SDG Summit y el Climate Summit, son solo algunos de los encuentros que han tenido lugar en septiembre y en los que se ha debatido, sobre el futuro de nuestro planeta. No es casualidad que los retos globales más urgentes hayan sido el foco de todos los encuentros: ¿Cómo podemos frenar o adaptarnos a las consecuencias de la crisis climática? ¿Estamos haciendo suficiente para lograr los objetivos de la Agenda 2030? ¿Estamos ante una situación de emergencia climática? En CANVAS hemos querido reflexionar sobre la evolución de estos y otros temas clave que están definiendo la agenda del desarrollo sostenible.

 

 

Las consecuencias del cambio climático serán cada vez más tangibles 

El impacto del cambio climático ya se está dejando notar en todos los rincones del planeta. A pesar de que hemos visto como algunos líderes políticos continúan en la línea del escepticismo, lo cierto es que los datos son ineludibles: un nuevo informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) asegura que durante el siglo XX, el nivel del mar ha subido unos 15 cm, «pero el ritmo actual se ha más que duplicado (3,6 mm anuales) y no deja de acelerarse», afirman los científicos. De hecho, si las emisiones siguen aumentando, el nivel del mar podría subir más de un metro.

Las consecuencias, según este organismo internacional, serían catastróficas: acidificación y calentamiento de los océanos, fenómenos extremos costeros cada vez más violentos, deslizamientos de tierra, avalanchas, desprendimientos de rocas e inundaciones… son solo algunos de los efectos del calentamiento global.

Por su parte, el Foro Económico Mundial apunta que si no somos capaces de adaptarnos a este nuevo contexto de crisis climática, cientos de millones de personas se verían obligadas a abandonar sus hogares en zonas costeras; más de 5.000 millones de personas perderían el acceso a agua potable en 2050 y la tasa de pobreza en los países en desarrollo alcanzaría los 100 millones de personas en 2030.

 

Definir objetivos climáticos: reto para empresas y gobiernos

En el marco de la Asamblea General, más de 70 países -incluyendo España, que destinará 150 millones de euros al Fondo Verde del Clima en los próximos 4 años-, anunciaron sus medidas para reducir las emisiones e impulsar la transición hacia modelos económicos y productivos más sostenibles, con el compromiso común de eliminar para 2050 todas las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por su parte, la Unión Europea se ha comprometido a dedicar un mínimo del 25% de su presupuesto a actividades relacionadas con el clima.

En el ámbito empresarial, más de 80 empresas -con una capitalización de mercado combinada de más de 2,3 billones de dólares y 4,2 millones de empleados- han hecho públicas sus medidas para establecer objetivos climáticos que permitan limitar el calentamiento global a 1,5ºC, en línea con las recomendaciones de las últimas investigaciones científicas internacionales y en el marco de la iniciativa Science Based Targets.

Además, 130 entidades bancarias han firmado los Principios de Banca Responsable, un conjunto de seis compromisos para alinear sus estrategias de negocio con los ODS mediante la rendición de cuentas y la definición de objetivos específicos.

Para conseguir adaptarnos o frenar, en la medida de lo posible, las consecuencias más urgentes de la crisis climática, es necesaria la acción colectiva a todos los niveles. Como apunta António Guterres, secretario general de la ONU, «la fórmula es más cooperación internacional. Se trata de cuestiones globales que ningún país puede resolver por sí solo».

En este sentido y ante el clima de tensión política que se ha vivido estos días en la sede de la ONU en Nueva York, Francia y Alemania han presentado la Alianza de Multilateralismo, una iniciativa que tiene como objetivo unir a democracias de todo el mundo para responder al crecimiento de los nacionalismos. 

Durante los próximos años será clave que todos estos compromisos se organicen y transformen en acciones y objetivos coherentes, con  coordinación entre el ámbito público, el empresarial y la sociedad civil para responder a las necesidades del planeta y de las personas. 

 

La financiación es clave para impulsar los ODS

Más allá del variado calendario de eventos sobre clima y sostenibilidad celebrados en las últimas semanas, todos ellos han compartido una misma temática: la Agenda 2030. Esto explica el creciente interés global en los Objetivos de Desarrollo Sostenible que refleja el siguiente gráfico de Google Trends.

Y es que los ODS han protagonizado gran parte de los debates, situando en el centro un reto común: avanzar en las metas de la Agenda 2030 para un futuro más sostenible en el que nadie quede atrás.

Para conseguir acelerar la consecución de los ODS, su financiación es clave. De hecho, Naciones Unidas publicaba una hoja de ruta con acciones e iniciativas para movilizar la financiación de la Agenda 2030. La propuesta destaca que a partir de 2020 entramos en una «década de acción», un periodo que «requiere de una inversión pública y privada significativa para dar vida a los ODS y a las metas de los acuerdos de París para todas las personas». Entre las ventajas más tangibles de invertir en el desarrollo sostenible, la entidad destaca una oportunidad de mercado de 12 billones de dólares y la creación de 380 millones puestos de trabajo.

En este contexto, España presentó su primer Informe de Progreso sobre la implementación de los ODS. El documento identifica una serie de políticas públicas para impulsar la Agenda 2030, entre las que destacan cuestiones relacionadas con igualdad, economía social, cambio climático y transición energética, entre otras.

 

Los jóvenes lideran el cambio

Los más jóvenes han tenido un papel especialmente relevante durante estas semanas, con la imagen de Greta Thunberg como movilizadora. Activistas climáticos de todo el mundo se han unido no solo en los foros de la ONU, sino que se han salido a la calle, organizando protestas y huelgas por el clima en más de 4.500 ciudades bajo las consignas del movimiento #FridaysforFuture. Entre sus exigencias destaca principalmente un nuevo Green Deal, que transforme la economía hacia el uso de energías 100% renovables en 2030 y permita poner fin a los proyectos relacionados con la explotación de combustibles fósiles.

Algunas empresas se han unido a estas movilizaciones. Compañías como Ben & Jerry’s y Lush cerraron sus tiendas físicas el viernes 20 de septiembre y otras como Patagonia desactivaron también sus tiendas online con el objetivo de facilitar y motivar a sus empleados a formar parte de las marchas por el clima.

Además, 16 adolescentes representantes de esta corriente activista contra el cambio climático han interpuesto una demanda ante la ONU. En la queja, que se ha formalizado en la sede de Unicef, los jóvenes denuncian el impacto que el cambio climático tendrá en las futuras generaciones y señalan como responsables, por su inacción, a los actuales líderes políticos.

Los próximos años son una cuenta atrás en la que el futuro del mundo está en juego. Está en nuestras manos, como personas, empresas, organismos públicos y sociedad civil, responder a los retos más urgentes de la crisis climática para avanzar con acciones concretas hacia modelos económicos y estilos de vida más sostenibles para  las personas y el planeta.

CONSTANZA NIETO
Experta en Sostenibilidad y Comunicación

Generar conocimiento y oportunidades de formación en materia de sostenibilidad es esencial para sensibilizar e impulsar el desarrollo sostenible dentro...

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