3 aprendizajes de la COP25

CONSTANZA NIETO

17 diciembre 2019

7 min. lectura

Análisis

El domingo 15 de diciembre finalizaba -con dos días de retraso-, la Cumbre Mundial del Clima organizada por Chile y celebrada finalmente en Madrid.


La 25ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP25), que llevaba como lema Tiempo de actuar, se ha quedado más bien lejos de la acción; y de nuevo, estancada en debates internos y ausencia de consenso global. El principal objetivo de esta Cumbre era alcanzar compromisos más exigentes en cuestiones clave como la gestión de los efectos de la emergencia climática o las emisiones de CO2 por parte de los principales agentes llamados a la acción: gobiernos y empresas.

Desde CANVAS hemos participado activamente en la Cumbre y seguido de cerca los acontecimientos para conocer qué ha marcado la COP25 y los principales compromisos con los que se pretende «pasar a la acción» en este próximo 2020.

1. Falta de acuerdos y polarización global

Una de las críticas que más resuenan tras la Cumbre es la falta de consenso en medidas y objetivos tangibles. Una de las principales metas de la COP25 era preparar el terreno para arrancar en 2020 de forma definitiva la lucha contra el cambio climático activando los compromisos del Acuerdo de París. Sin embargo, con la ausencia de países como China, Estados Unidos, India y Rusia, que generan más del 60% de las emisiones mundiales de efecto invernadero, esta misión es verdaderamente complicada.

Por otra parte, únicamente 84 de los 195 países firmantes del Acuerdo de París, presentaron durante la COP25 sus planes de recorte de emisiones. Además, el informe Emissions Gap Report 2019 del Departamento de Medio Ambiente de las Naciones Unidas (PNUMA) advertía que con los proyectos entregados hasta la fecha, se aumentará al menos a 3,2 grados la temperatura global para 2030, lejos del 1,5ºC necesario y recomendado por la comunidad científica. Ante esta situación, han sido múltiples las quejas y la decepción general en torno a los países que en 2015 aseguraron impulsar la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Uno de los comunicados más sonados ha sido el de António Guterres, secretario general de Naciones Unidas.

La implementación del Artículo 6 del Acuerdo de París ha sido el principal motivo de conflicto. Este artículo se refiere a los intercambios internacionales de reducciones de carbono, es decir, a la regulación de los mercados de derechos de emisión. Discusión que se aplazará hasta el año que viene por la polarización que ha creado entre los países que superan sus límites de contaminación y quieren ser capaces de comprar créditos de emisión a países que no alcancen esos niveles, y los países en desarrollo, que exigen una regulación justa y sostenible en la que un porcentaje del presupuesto de las transacciones se destine a hacer frente a la emergencia climática en los territorios más vulnerables.

La presidenta de la COP25 y ministra del medio ambiente de Chile, Carolina Schmidt, afirmó que «queríamos cerrar el Artículo 6 para implementar un mercado de carbono robusto con integridad ambiental, enfocado en generar recursos para transitar hacia un desarrollo sustentable, basado en bajas emisiones y resiliente al clima. Es triste no haber podido llegar al acuerdo final… Estuvimos tan cerca».

Entre las medidas en las que los principales líderes mundiales sí que han conseguido ponerse de acuerdo, se encuentra el rol de la ciencia frente a la emergencia climática. El acuerdo firmado como resultado de esta edición de la COP25 afirma que el conocimiento científico será el «eje principal» que guíe las decisiones climáticas de los países firmantes. Además, a nivel europeo se destaca la creación del Pacto Verde Europeo por parte de la Comisión Europea, una nueva estrategia para la reducción de emisiones, la creación de nuevos puestos de trabajo y la mejora de la calidad de vida. En este contexto se ha hablado de la primera ley europea sobre el clima para marzo del 2020, que tiene como objetivo reducir las emisiones en todos los sectores, como el de la alimentación, la agricultura, el transporte, la fiscalidad…

También se ha seguido trabajando en el Fondo Verde para el Clima, al cual España se ha comprometido a participar con 150 millones de euros entre 2019 y 2023. Los recursos de este fondo se destinan a paliar los daños y pérdidas causadas por los efectos del cambio climático en países más vulnerables y comunidades indígenas. En 2019, por primera vez, se han permitido también las aportaciones a este fondo del sector privado como medida para suplir la insuficiencia de recursos que aportan los gobiernos.

2. Empresas: estar o no, esa es la cuestión

La elevada presencia corporativa también ha sido punto de crítica. Expertos como Taylor Billings, del grupo de defensa civil Corporate Accountability, consideran que en la COP25 se ha producido una «compra corporativa» de la Cumbre. Las manifestaciones organizadas en torno a la Cumbre han repetido en múltiples ocasiones el término de greenwashing para criticar la presencia de algunas empresas. Sin embargo, más allá de las críticas generadas, la Cumbre del Clima ha evidenciado la necesidad de transversalizar una cuestión como la emergencia climática. También lo han hecho las empresas, que han tenido una presencia significativa durante estas semanas. La Cumbre ha estado marcada por la educación y concienciación ambiental y por la reacción por parte del sector empresarial, con lo que se ha intentado suplir la falta de alianzas y compromisos por parte de los gobiernos internacionales. Así pues, aunque únicamente se hayan sumado ocho países a la Alianza por la Ambición Climática -compromiso de emisiones cero para 2050- en septiembre de 2019 la alianza estaba formada por 10 regiones, 102 ciudades, 93 empresas y 12 inversores; mientras que tras la Cumbre son 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 inversores los que se han unido a esta iniciativa.

A ello se le suman los 631 inversores que ya han firmado la Declaración Mundial de los Inversores a los Gobiernos sobre el Cambio Climático con la que instan a los gobiernos a aumentar sus esfuerzos frente a la actual emergencia climática. Larry Fink, presidente y consejero delegado de BlackRock –la firma de inversión más importante del mundo y el mayor inversor en las empresas del Ibex35– ha estado estas semanas en Madrid para reunirse con las principales compañías españolas cotizadas. En estas reuniones, según informa Expansión, Fink ha subrayado que las empresas han de tomarse en serio la sostenibilidad y activar medidas urgentes para responder a los retos económicos globales.

Entre otras iniciativas por parte del sector empresarial, destacan las más de 500 empresas B Corp, entre las cuales se encuentra CANVAS Estrategias Sostenibles, que nos hemos comprometido a ser cero emisiones para 2030. Este anuncio representa un ambicioso esfuerzo conjunto por la acción climática que asumimos las compañías B Corp con el objetivo de ser mejores empresas para el mundo. Desde CANVAS Econtinuaremos impulsando el liderazgo social para un futuro sostenible a través de este compromiso global que nos permitirá a partir de 2020 avanzar en la medición y la reducción de nuestro impacto en el planeta.

Además, 177 empresas se han adherido a la iniciativa Business Ambition for 1.5°C: Our Only Future para frenar la temperatura global en todas sus operaciones y cadenas de suministro.

 

3. La sociedad, protagonista de las movilizaciones

La ciudadanía no ha querido quedarse al margen de la lucha por el clima y ha tenido gran peso en el evento. Contar con la colaboración y la presencia de la sociedad dentro de la Zona Verde ha sido un indicador de cómo la ciudadanía se está tornando cada vez más activista y está tomando conciencia de los derechos con los que cuenta y los deberes que afronta. Así lo afirmaba Víctor Viñuales, vicepresidente de la Red Española del Pacto Mundial: «los ciudadanos, en nuestro papel de votantes, consumidores y actores, somos un ejército dormido que no es consciente del poder que tiene. Creen que no pueden hacer mucho y por eso no hacen nada. En realidad, tenemos mucho poder, incluso en aquellas cosas que parecen enormes y que parece que nos superan».

Jóvenes se manifiestan durante la COP25 celebrada en Madrid.

Fuente: UN Climate Change

Y ese poder se hizo escuchar el viernes 6 de diciembre en una de las mayores movilizaciones ambientales que se han visto hasta la fecha en nuestro país. La Marcha por el Clima, convocada por diferentes plataformas como el movimiento internacional Fridays for Future ha señalado a gobiernos y empresas por la falta de consenso y de esfuerzos para estar a la altura de las necesidades del planeta. Además de la movilización convocada, también se realizaron manifestaciones espontáneas como las de la organización Extinction Rebellion, para denunciar la falta de acuerdo entre gobiernos después de trece días de duración, y numerosos actos de denuncia dentro del recinto, con los que se criticaba la presencia de las multinacionales con intereses en la industria de combustibles fósiles, que llevaron a la expulsión de más de 300 personas.

La COP25 ha llegado a su fin. Pero sigue siendo tiempo de actuar… Mientras tengamos tiempo. Hacer frente a la emergencia climática no es una opción. Es una obligación que recae en especial en los gobiernos y el sector empresarial, dos actores que la ciudadanía está siguiendo y vigilando de cerca. Hemos dejado de hablar de compromisos voluntarios para empezar a hablar de supervivencia y reacción inmediata ante una situación límite que requiere que nos reconciliemos con el planeta y avancemos en una misma dirección.

CONSTANZA NIETO
Experta en Sostenibilidad y Comunicación

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